Las Misiones Espaciales
En la búsqueda de nuevos mundos, por saber realmente si existe una especie igual, diferente o superior a la raza humana se han realizado viajes hacia el infinito y mas allá.
A lo largo de estas atraviesas que inician en la mente, es en donde se visualizan los diferentes mundos que podemos encontrar.
En lo personal recuerdo cando leía el Principito de Sanit Exúpery, en donde narra la historia de un piloto aviador que entre sueño se encuentra con un niño de cabellos rubios, un príncipe del lejano asteroide 2578. Ambos personajes interactúan y aprenden de sus charlas, de sus diferentes mundos, valoran lo que es la amistad, el amor y la esperanza.
Desde ese entonces y desde siempre se ha hablado de estrellas lejanas, viajes a la Luna en naves inimaginables y de asteroides que nos hacen soñar.
Soñar en la esperanza de comprendernos cada día mejor, de aprender de nuestros errores, de pedir perdón y de inculcarnos a ser una persona mejor en una nueva jornada. Es sin lugar a dudas una gran experiencia de vida.
De estas experiencias y misiones, los tripulantes aprenden de cada viaje a lo largo de los 2070 km que nos separan, ya que en ocasiones afrontan dificultades que inicialmente no saben como reaccionar, pero que le dan sentido a la vida.
Cuando la misión espacial enfrenta retos, los astronautas requieren de la ayuda de una mano cálida y humana para mantener la tranquilidad y tomar la decisión correcta. Y en cada viaje se encuentra la mano de las estrellas que me guían por el recorrido hacia la Luna mágica, los montes de Venus, para llegar a Marte con la guia celestial de Tauro y sus poderes platónicos.
Rescato de estas experiencias de viaje hacia el infinito y mas allá la frase que dice "amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar junto en la misma dirección".
miércoles, 4 de febrero de 2009
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